Le vendiste, le serviste, le financiaste sin querer. Han pasado los 30 días, los 60, los 180. Te da largas por teléfono, te promete transferencias que nunca llegan y, mientras tanto, su empresa sigue abierta, sigue facturando y —esto es lo que más duele— sigue pagando a otros. Hay un momento en que todo acreedor…